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Charlie y la fábrica de chocolate

(Charlie and the chocolate factory, 2005)

Charlie y la fábrica de chocolate Tras el fracaso crítico, que no comercial, de El planeta de los simios, muchos agoreros se lanzaron pronto a vaticinar el final del talento creativo de Tim Burton, hecho que quedó rápidamente desmentido con la realización posterior de la excelente y emotiva Big Fish. Ahora, en 2005 Burton vuelve y lo hace de nuevo con una historia que, al igual que sucedía con El planeta…, cuenta con una versión ya filmada previamente. Charlie y la fábrica de chocolate, la novela de Roald Dahl, fue llevada al cine en 1971, fue dirigida por Mel Stuart, protagonizada por Gene Wilder en el papel de Willy Wonka y en España conoció por título Un mundo de fantasía. La película fue un fracaso en su día y sólo con el tiempo ha ido adquiriendo la categoría de film de culto, por lo que no parecía descabellada la idea de hacer una nueva adaptación (al contrario de lo que ocurría con El planeta de los simios, cuya primera plasmación fílmica constituye ya un clásico de la ciencia-ficción, contando además con imágenes y escenas que han pasado ya a formar parte de la memoria colectiva, con lo que tarea difícil resultaba tratar de ofrecer algo nuevo que le hiciese justicia)
Esta nueva adaptación de Charlie… es sin duda una versión más burtoniana del libro: ese comienzo nevado que nos remite a Eduardo Manostijeras, la figura del outsider típica de Burton (aquí representada por el personaje de Willy Wonka, quien sufre de problemas para relacionarse, no encaja con la gente de su entorno y resulta ciertamente excéntrico) y una de las, parece, obsesiones recientes de Tim Burton como son las relaciones paterno-filiales problemáticas, ya mostrado como núcleo argumental de Big Fish y aquí materializado en el distanciamiento entre Willy Wonka y su padre (interpretado por Christopher Lee) dentista que impedía al niño Wonka comer chucherías, haciéndole acarrear un desproporcionado aparato dental, y que quería evitar a toda costa que su hijo acabara dedicándose a fabricar chocolate. En entrevistas recientes a Tim Burton se podía leer que de niño sus padres solían tenerle encerrado largas temporadas en su cuarto; detalle de infancia que parece estar exteriorizando en sus últimos largometrajes.
A diferencia de Big Fish, más pequeña e íntima, aquí, en Charlie y la fábrica de chocolate priman los grandes decorados, el colorido, la psicodelia y los efectos digitales (esos oompa loompas interpretados por el pequeño Deep Roy, multiplicado al límite), siendo probablemente esa recreación de la fábrica de Willy Wonka (con un aspecto más bien amenazador desde el exterior) y el estupendo diseño de producción de lo mejor de la película.
Charlie y la fábrica de chocolate Sin embargo, a pesar de que el film se deja ver bien y resulta entretenida tanto en la primera parte de la búsqueda del ticket de oro como en la segunda del viaje por la fábrica de chocolate, a la película le falta esa chispa, ese toque de genialidad que sí podemos hallar en otras obras previas de Tim Burton, y más si la comparamos con la versión anterior de la obra, lo cual, conociéndola, resulta casi inevitable.
Y es que aparece mejor descrita la personalidad, la bondad innata del personaje de Charlie en la versión de 1971, así como su búsqueda del ticket de oro; y momentos como la incorporación del abuelo de la cama, están más conseguidos y son más efectivos en la película de Mel Stuart. El personaje de Willy Wonka encarnado por Gene Wilder también resulta más interesante que el interpretado por un Johnny Depp (todo sea dicho) un poco cargante en ocasiones y bastante descontrolado, a diferencia de otras colaboraciones suyas con Burton. Mientras el Wonka de Wilder era un personaje con un cierto aire de prepotencia y superioridad, el de Depp es un tipo extravagante, con problemas para relacionarse con los demás y casi algo antipático, todo ello causado por una infancia difícil, como conoceremos por varios flashbacks (los detalles de la infancia de Wonka, sin duda, uno de los aciertos del nuevo film, junto a la incorporación del padre de Charlie y su rutinario trabajo, ausente en la versión anterior)
En contra de la película también se pueden añadir los toques de humor, menos efectivos de lo buscado y los números musicales (compuestos y cantados, con la voz distorsionada digitalmente, por Danny Elfman) que resultan forzados y metidos casi con calzador en la historia. La partitura musical, por cierto, resulta en cambio una adecuada composición del habitual colaborador Danny Elfman, destacando un ligero tono ominoso para presentar la fábrica, algunos coros infantiles marca de la casa y momentos concretos como el tema dedicado a representar el trauma de Willy Wonka.


En cuanto a interpretaciones es sin duda el niño Freddie Highmore el más destacado del reparto (quien ya demostró su talento en Descubriendo Nunca Jamás, de nuevo junto a Johnny Depp), quedando el resto de niños o actores como Helena Bonham Carter en un plano más secundario.
Como conclusión se puede decir que nos encontramos frente a un Tim Burton correcto pero no genial, que entretiene pero que no se encuentra a la altura de títulos suyos más recientes como mismamente se podría citar Big Fish o Sleepy Hollow. No nos importa, pronto nos ofrecerá La novia cadáver, y con ello, una nueva oportunidad de reencontrarnos con su mundo más gótico, lóbrego y desde luego, tremendamente atrayente.
Calificación:estrellaestrellaestrella